Cuestionario de (in)satisfacción

Dudo mucho que a los organizadores de la Titan Desert les interese demasiado el nivel de satisfacción de los que hemos participado en su carrera. Es más, a estas horas me los imagino, cual Tío Gilito, contando los euros que han ganado y dándose un baño de billetes. Por eso, no espero ningún mail por su parte con un cuestionario en el que valoremos lo que hemos recibido durante esta semana en Marruecos. Sirvan, por tanto, estas líneas para expresarlo.

Durante unas semanas, la Titan Desert se convirtió en el centro de mi vida. Puse todas mis esperanzas, mi tiempo y mis fuerzas en esta carrera que pensé iba a convertirse en una experiencia inolvidable. Después de una semana en el desierto, una vez que ha pasado la prueba, caes en la cuenta de que la vida sigue y hay algo más allá de la Titan.

Esta carrera pudo conmigo. Agotó mis fuerzas pero, sobre todo, mis ganas por formar parte de ella. Físicamente aguanté dos duras etapas: casi 16 horas sobre la bici, 200 kilómetros pedaleando bajo un sol abrasador por una de las zonas más áridas del planeta. Igual podría haber hecho alguna etapa más. Pero, como digo, la Titan limó, más que mi físico, mi deseo de seguir.

Vaya por delante que organizar una carrera como ésta es muy, pero que muy complicado. La logística es descomunal, con un equipo de muchísimas personas trabajando para que todo esté preparado: recorrido, alojamiento, comidas… Por eso, ante todo, felicito a los que están arriba y a los que están abajo. Tanto a los directores de las respectivas áreas como a los curritos que están dando el callo durante todo el día, cargando vallas, recogiendo equipajes, montando haimas. Pero en ese escalafón jerárquico fallan los de en medio. Los llamados “responsables de…”, personas a las que les cuelgas un walkie talkie y ya se creen que son el Ministro del Aire o el jeque de Bután. Solo basta escucharles con ese tono de superioridad por el walkie (“Pepita para Antoñito, ¿me copias?”) para darte cuenta de que a esta gente les hace falta una buena cura de humildad. El aire despectivo con el que te hablan, la mirada por encima del hombro al dirigirse a ti, como perdonándote la vida. Jamás me he sentido más ninguneado que estos días en el desierto. Tanto en el Servicio del participante como en el Departamento de Prensa.

El día que decidí abandonar (al principio de la tercera etapa) lo comuniqué a la persona correspondiente y no tuvo ni el mísero detalle de preguntarme si me encontraba bien, qué me había pasado, si necesitaba algo. Ya sé que somos muchos y es difícil dar un trato personalizado. Pero esperaba algo más. Simplemente me dijo que esperara y que ya me avisaría de cuándo me “harían el favor” de montarme en la furgoneta de camino al siguiente campamento. Llegado el momento, solo les faltó registrarme lo que llevaba en la bolsa para poder subir al vehículo. Después de un severo cuestionario, en el que dudaron de mi honorabilidad, me permitieron entrar. Además de la mala educación que para mí supone que cuando haya tres personas dos hablen entre ellas en un idioma distinto al que estábais utilizando hasta el momento (en este caso catalán), me hicieron sentir un delincuente. Me preguntaron si en la bolsa no llevaba ningún objeto de alguno de mis compañeros de equipo. Al ser la jornada posterior a la etapa maratón, todos los corredores deben cargar con lo necesario para esos dos días (comida, saco de dormir, ropa, etc). Casi todos los participantes cumplen esas normas. Y digo CASI todos. Porque la organización hace la vista gorda con ciertos nombres ilustres, a los que les permite que tengan porteadores, gregarios y ayudantes. Ciclistas patrocinados por uno de los sponsors de la carrera, que interesa que lleguen en los puestos de delante para que la prueba tenga repercusión mediática. Me dijeron que esperaban que no llevase nada de ningún compañero, que eso no era justo y que no entraba en las reglas del juego. Las reglas del juego. Ja!

Con la “bolsa prohibida” cargada en la furgoneta, nadie me dirigió la palabra durante el trayecto. Tampoco pido que fueran contándome chistes, pero unas simples palabras de aliento después de haber abandonado habrían sido suficientes. Al llegar a nuestro destino, mi sorpresa era que el campamento aún no estaba preparado, mi maleta no había llegado y tuve que esperar tirado a que llegaran mis objetos personales y pudiese ocupar mi haima. Cualquier pregunta que les hacía para interesarme por mis cosas era respondida de mala manera, como si les estuviera molestando. Pues miren, si después de haber pagado 1600 euros de inscripción les sienta mal que pregunte, mal vamos.

Ya que estamos, hablemos ahora de los 1600 euros de inscripción. En estos tiempos que corren pocos pueden gastarse ese dinero para una carrera. Es el sueldo que muchos querrían tener, con el que podría subsistir una familia durante más de un mes. Para la Titan muchos tienen que quitarse de otras cosas, ahorrar y hasta pedir un préstamo. Lo único que pides a cambio es que con lo que pagas recibas a cambio algo digno. Y la comida no lo es. Yo diría que ni los perros podrían digerirla. No haré publicidad a niguno de los sponsors de la Titan, pero sí diré el nombre de la empresa encargada del catering (por llamarlo de alguna manera). Son Grupo Xaluca, y se han lucido. Cada uno de los siete días hemos comido el mismo rancho con el que se alimentaban en la mili. De desayuno, cereales de malísima calidad, pan tostado del hace dos días y bollería que se acababa enseguida. De almuerzo, arroz, spaguetti y patatas cocidas. El arroz, aguado. Y los spaguetti con una salsa de tomate insípida. Lo mismo para cenar. Menos mal que habíamos traído alguna que otra lata de atún y de vez en cuando otros participantes sacaban jamón envasado al vacío y lo compartían. Pero tiene pantalones que, además de pagar la cara inscripción, tengas que llevar tu propia comida para alimentarnos bien. Pero es que todo lo que quisieras extra, aparte de lo establecido, lo tenías que pagar a precio de oro. Como si estuvieras en un aeropuerto, refresco, aperitivos y productos de higiene personal estaban carísimos.

Nos ponemos ahora con el departamento de prensa. En teoría, ellos tienen que estar al servicio de lo que necesitemos los periodistas. Nosotros somos una parte importante del evento, porque le damos difusión y mostramos a sus patrocinadores. Sin apariciones en los Medios de Comunicación no hay sponsors, sin sponsors no hay dinero y sin dinero no hay prueba. Creo que la ecuación es fácil. Pues parece que no la comprenden. Cada vez que les pedías algo parecía que te estaban haciendo un favor, todo costaba un mundo y la predisposición para ayudar era mínima por parte de su jefe de prensa. Al menos tuvimos la estupenda colaboración de los que yo antes llamaba “curritos”. Esas personas que no llevan puesto un walkie talkie y que, por tanto, son gente normal con ganas de trabajar y colaborar contigo. Pero, por lo demás, un nefasto servicio de comunicación: el wifi iba tan lento que a veces te daban ganas de mandar una carta por correo ordinario antes que enviar un mail; las clasificaciones de la etapa eran un preciado tesoro difícil de acceder; y, si querías hacer una entrevista, te tenías que buscar tú la vida y pactarlo con el propio ciclista. Algo que, por cierto, tampoco es tan complicado. Pero si esa misión la lleva a cabo el jefe de prensa, como suele ser habitual, te busca al entrevistado y te elige una ubicación para que aparezcan los patrocinadores. Si eres tú el que se tiene que buscar las habichuelas, lo último que deseas hacer es una entrevista con los logos de los sponsors. En cada una de las entrevistas hemos evitado los fondos con publicidad y, en su lugar, hemos elegido los fantásticos escenarios que nos ofrece el desierto. Lo siento por los patrocinadores, que han gastado un preciado dinero en estos menesteres, pero que sepan que han invertido una importante cantidad de su presupuesto en un evento con una política de comunicación mediocre.

Dicen que las competiciones las hacen las personas. Más allá de la grandeza de la prueba, de lo maravilloso del paisaje, somos nosotros, los seres humanos los que hacemos que algo funcione o no. La Titan Desert tiene unas personas fantásticas, grandes trabajadores y excelentes profesionales. Desde Juan Porcar, su alma máter; a Rubén Peris, el director deportivo. Ellos nos han tratado estupendamente. Igual que los trabajadores. Pero, insisto, son esos puestos intermedios, fundamentales para que algo funcione, los que no han estado a la altura.

La Titan Desert será un trozo de mi vida, pero no va a marcarla. Formé parte de ella, lo intenté, fue una locura maravillosa. Aunque, desde que he regresado, es un capítulo cerrado de mi vida. Durante los próximos días seguro que muchos de vosotros me preguntaréis por la Titan, por mis experiencias, por si repetiría, por si la recomiendo. La respuesta es negativa. No la recomiendo, no voy a repetir. No merece la pena. Afortunadamente, el mundo está lleno de retos maravillosos, de bonitos desafíos que pongan a prueba nuestra capacidad física y mental. Pruebas en las que nos sintamos valorados y podamos mirarnos todos a los ojos como lo que somos, como PERSONAS.

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13 Comments

  1. Nuria dice:

    Es una pena, sobre todo por la ilusión y las horas dedicadas a ello, pero bueno como ya se sabe hay que llegar y conocer para saber lo que no hay que repetir… Será por pruebas y retos! Ánimo y a por el siguiente!!!

  2. Josep dice:

    ¿te han eliminado el comentario en la Página de la TiTan?

  3. Josep dice:

    Rafa, yo encontré tu blog a través del enlace de una publicación en la página TITANDESERT de Facebook, donde yo publique una, preguntando por los tiempos de la general, ya que a partir del 7º puesto todos tenían el mismo tiempo y diferencia. Al mirar si había respuesta ya no estaba la publicación que enlazaba con tu Blog. Esto es todo.

  4. Sergio Aguilera dice:

    No es que tuviera yo muchas ganas de hacer la Titan Desert pero, despues de leerte, no tengo ningunas. Vamos a por Berlín y tus 3h30. Vamosssssss

  5. Jorge dice:

    Totalmente de acuerdo, suscribo punto por punto lo que cuenta Rafa, yo vivi algo muy parecido, sobre todo el pasaje de la furgoneta.

    • Rafa dice:

      Hola, Jorge! Al menos pudimos compartir ese buen ratito del final y tener la suerte de conocer a buena gente como tú. Es momento de pasar página a esta historia a la que no merece la pena darle más vueltas ni dedicarle un minuto más: son muchas cosas las que vimos, algunas se cuentan aquí y otras no se cuentan (en mi caso, por respeto a los muchos trabajadores que allí se ganan el pan de manera honesta) pero las hemos visto todos… Lo bueno del deporte es que hay multitud de retos, pruebas hay a patadas y muy bien organizadas. Así que a seguir disfrutando en ellas y, espero, nos encontremos en alguna de ellas. Seguimos en contacto!

  6. Felix Garcia dice:

    Para empezar, eres una llorona, la Titan esta hecha para tios con espiritu de sacrificio y superacion de retos en fin…un deportista, es mas te diria en castizo “para tios y tias con dos huevos/ovarios.

    No se puede ser como la zorra, que tras varias horas intentando coger la manzana deja de hacerlo diciendo ¡Bah, estan verdes!!!. lo dicho muchacho, huevosssssssssss!!!! y menos llantos de debiles y ursulinas

    • Rafa dice:

      Gracias por tu comentario, Félix!

      • Felix Garcia dice:

        Estimado Rafa:

        Soy el padre de un compañero que participó como tu en la Titan y, tras sufrir y sacrificarse, me hizo el regalo mas importante de su vida, no fue otra cosa
        que el trozo de marmol con la inscripcion de Titan Desert y una dedicatoria. Me llego muy adentro y tanto me halago que la tome con orgullo, sabedor del esfuerzo, sacrificio y reto ante tanta dificultad como conlleva hacer esa prueba. Por eso al leerte me ha sabido mal (a parte los costes y vicisitudes).
        No te molestes, pero la verdad es que estoy muy orgulloso tanto de mi hijo como de su compañero de fatigas por tan solo haberla terminado.

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