Un café con Kathrine Switzer

Estos días ha estado en España Kathrine Switzer. Si el nombre te suena a chino, seguro que conoces su historia: corrió la Maratón de Boston en 1967, cuando a las mujeres no les permitían inscribirse a las carreras, protagonizó una de las imágenes más icónicas del siglo XX y, el acabar aquella prueba, fue un paso importante en la lucha por la igualdad de género.

Tengo el privilegio de mantener una buena relación personal con ella. La conocí el año pasado en la Feria del Corredor en Boston y, desde entonces, hemos trabado amistad y compartimos juntos un proyecto en el que estamos trabajando. Kathrine es historia viva del running, y tengo que reconocer que a mí se me cae la baba cada vez que nos vemos y dice mi nombre. Lo siento, es mi debilidad y no puedo evitar la admiración que siento por ella.

Como digo, lady Switzer ha pasado por nuestro país, ya que ha sido la madrina de la 261 Women’s marathon, una maratón femenina que se celebró con gran éxito el domingo en Mallorca. Antes de que ella volara a las Islas Baleares, nos encontramos en Madrid, tomamos un café y hablamos de lo divino y de lo humano. Os dejo la transcripción de parte de nuestra conversación. Lo que se puede contar…

“Creo que mi contribución a la mujer ha sido proporcionarles un sentimiento de fortaleza. La gente cree que se trata de correr, pero no. Se trata de cambiar la vida de las mujeres. Y creo que lo que yo les enseñé es que si ponen un pie delante del otro, pueden cambiarse a ellas mismas.

Cuando corrí la Maratón de Boston, el director saltó del camión de prensa, me atacó e intentó echarme fuera de la carrera por que yo era una mujer. Él me agarró, cortó la esquina de mi dorsal y agarró el número. Pero yo lo pude sujetar gracias a mi novio, que golpeó al oficial. Yo pude continuar. El incidente ocurrió delante del camión de prensa con todas las cámaras allí. Y una de mis contribuciones, accidentalmente, fue que estas fotos se difundieron por todo el mundo y se convirtieron en un símbolo de la igualdad de género.

No sabía de la importancia de lo que estaba ocurriendo en ese momento, porque estaba muy asustada. Además, yo era muy joven, tenía 20 años, era mi primera gran carrera. Pero enseguida, en cuanto el oficial fue sacado de la carretera, me di cuenta de que éste era uno de los momentos más importantes de mi vida. De repente, me hice mujer, porque tomé la decisión de acabar la carrera. Eso es lo más importante, tomar la decisión y la responsabilidad de lo que quieres hacer, y nunca abandonar. Tenía la determinación de mostrar que las mujeres podían correr una maratón y que las dejarían.

Cada vez que miro estas fotos pienso que este oficial enfadado ofreció al mundo una de las imágenes más perdurables del movimiento por la igualdad de género. No fui yo. Fue la foto y el oficial. Pero las fotos se convirtieron en un vehículo poderoso para las mujeres. Y para mí fue muy importante. Y este hombre, que durante 5 años estuvo tan enfadado conmigo, ahora me doy cuenta de que me hizo un gran favor.

¿Correría otra vez la Maratón de Boston? Es una pregunta interesante. Sabiendo lo que sé ahora, sería una declaración política. Sabiendo lo que sabía entonces, era una chica ingenua que amaba el running. Cada día pienso en ese incidente, cada día pienso que aquello cambió no sólo mi vida, sino la de millones de mujeres.

Este momento me ha hecho no tener miedo y afrontar las adversidades. Es fantástico, porque se trata de no tener miedo, desafiarte a ti misma y asumir riesgos. Eso es todo lo que queremos ofrecer a las mujeres por que si lo podemos hacer, también ellas pueden tomar conciencia de que lo pueden hacer. Todas las mujeres que empiezan su primera maratón afrontan algo que cambiará sus vidas. Siempre recordarás tu primera maratón como recuerdas a tu primer hijo, tu doctorado o el día de tu boda. Es muy, muy importante porque, si lo consigues, puedes hacer todo lo que te propongas. Si puedes correr una maratón, puedes hacerlo todo. Y miras tu propia vida y dices “puedo hacer más de lo que hago. Yo puedo generar el cambio”.

Con la promesa de tomarnos otro café dentro de tres semanas en la Maratón de Boston nos despedimos. Allí nos vimos por primera vez y allí nos volveremos a encontrar. Otro día os contaré cómo la conocí. Ésa es otra historia…

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