Nunca podrán encerrar nuestros sueños

La cárcel es como me imaginaba: esa puerta que chirría, por el hierro oxidado de los barrotes, y que deja un sonido seco y metálico al terminar de cerrarse. Lo había visto en multitud de películas, pero no podía pensar que en la realidad fuese exactamente igual. En ese momento, sientes indefensión, incertidumbre, inseguridad y varias cosas más que empiezan por “in” y que me dejan un poco off. Afortunadamente, todas esas sensaciones cambiaron al salir de allí. Pero en ese momento, cuando cruzas la línea imaginaria que separa la libertad de la prisión, cuando te ves en ese frío y largo pasillo, no puedes evitar que un escalofrío recorra tu cuerpo.

A la cárcel traía muchas ideas preconcebidas. Tenemos muchos prejuicios hacia quienes están dentro. Afortunadamente, las dos horas que pasé allí los transformaron y los presos terminaron siendo personas. Me habían invitado para dar una charla sobre el “Efecto maratón”. El mail llegó semanas atrás desde una asociación de voluntarios que visita la prisión de Sevilla 1 cada miércoles. Y accedí encantado. Nunca había tenido la oportunidad de estar allí dentro y estaba seguro de que iba a ser toda una experiencia. Pero superó con creces mis expectativas.

Una vez que llegas al final de ese largo pasillo que conduce al módulo donde están los presos, confieso que sentí algo cercano al miedo. Escuchas voces que retumban por el eco, ves caras que asocias a la delincuencia, a la droga, al hampa… Pero, inmediatamente, caes en la cuenta de que allí hay algo más que eso. Algunos de ellos nos acompañan para escuchar la charla que les traigo preparada: motivación, superación de obstáculos, lucha, retos… Les pongo el video sobre mi llegada a la Maratón de Boston y, cuando me paro en la meta para besar el suelo, uno grita “ole!” y los demás empiezan a aplaudir.

Les cuento mis experiencias maratonianas y les intento transmitir que no hay que venirse abajo, que hay que pelear por alcanzar nuestros sueños, que ninguna montaña es suficientemente alta… Pamplinas! Yo no soy nadie para dar consejos sobre superación, con lo que ellos están viviendo. Por eso, les cedo la palabra. Prefiero escuchar antes que hablar. Toman la palabra Juanlu, Carlos, Christian, Manuel… Cada uno tiene su propia historia. Y de todos aprendo. Esto es un master acelerado de superación, de lucha, de vivir cada día una maratón particular entre rejas. Todos ellos me miran a los ojos cuando hablan, y en la profundidad de esas miradas advierto arrepentimiento. Incluso vergüenza por estar allí. Pero, sobre todo, el deseo de cambiar. No es fácil hacerlo dentro, cumpliendo un castigo. En una sociedad que aparta al que ha cometido un error, no es fácil su reintegración.

Ríen, bromean, se ilusionan con pequeñas cosas. Algunos llevan sin ver el exterior durante años. Sin posibilidad de salir ni de contacto. No hay internet, ni redes sociales, ni guasap… Y el aire en la prisión está viciado. Para no caer a las profundidades hay que ser muy fuerte mentalmente si no quieres venirte abajo. Me llevo una auténtica lección de vida. Y caigo en la cuenta de que los presos somos nosotros, los que nos encerramos tras los barrotes del miedo, la inseguridad o la desconfianza… Ellos están mucho más libres de todo ello, a pesar de estar en la cárcel.

Cada vez hay más confianza y nos sentimos a gusto. Me cuentan confidencias. Lo que esperan al salir de allí, quién les aguarda y quién no… Y bromean sobre su situación. La cruda naturalidad llevada al extremo. Les pregunto si corren. Y alguno de ellos lo hacen. No es fácil entrenar en prisión, ya que el espacio es reducido. Un pequeño patio al que le dan vueltas y vueltas. Ésa sí que es una auténtica prueba de dureza mental! Christian es un runner habitual. De hecho, era compañero de kilómetros de José María, un prisionero especial al que han trasladado hace poco a otro centro.  Sus dos grandes pasiones son correr y el Sevilla. Hasta no hace mucho se sentaba en el palco del Pizjuán. Por su parte, Manuel me dice que no ha corrido en la prisión, pero que sí lo ha hecho muchas veces fuera. Le pregunto que si lo ha hecho para preparar una carrera. Y él responde que no, que lo ha hecho en multitud de ocasiones delante del coche de la Guardia Civil. Todos reímos a carcajadas.

Les quiero plantear un reto, algo que les motive y les haga más llevadero el día a día. Un desafío relacionado con el running. Me cuentan que en septiembre hay una carrera en una pista que tienen en el patio. Y les pico: ¿os atrevéis con 15 kilómetros? Todos se miran incrédulos, pero en cuanto uno recoge el guante, los demás empiezan a sumarse.

Para ayudarles en su nuevo objetivo, les dejé un ejemplar de “Efecto maratón”. Con una dedicatoria:

“Podrás estar entre rejas.

Pero nunca podrán encerrar tus sueños”

Hasta pronto…

Written by

No Comments Yet.

Leave a Reply