Apuntes post maratón de Roma

Sigo con la medalla de la Maratón de Roma colgada del cuello. No me la quiero quitar, mi deseo es paladear un poquito más este último sorbo. Y, aunque aún duele cuando bajo las escaleras, la satisfacción es mayor. Por eso, quiero aprovechar este primer rato que tengo de tranquilidad después de regresar para compartirlo y expulsar algunas ideas que me trae esta nueva experiencia.

En primer lugar, la inmensa alegría de haber terminado una maratón más, y ya van 14. Quién me lo iba a decir cuando empecé en este locura, hace apenas 7 años. Llegar a la meta tras meses de duro trabajo me hace sentir muy fuerte. Pero, esta vez, después de mucho tiempo, me planteé un objetivo más allá de disfrutar. Últimamente, las lesiones y las circunstancias no me habían permitido entrenar como deseaba y ahora, por fin, he podido hacerlo. Y eso ha traído como resultado el haber conseguido mi mejor marca. Ya sabéis que no soy muy de tiempos, pero de vez en cuando alcanzar lo que te has planteado también es un regalo.

No hay otra receta: entrenar, entrenar y entrenar. Gracias a mi coach María Vasco y a ciertos cambios que hemos introducido, he logrado correr mejor. Sobre todo, fortalecer la musculatura. Sin un buen chasis, lo demás no funciona. Desde el principio de la preparación metí sesiones de pilates, trabajo en el gimnasio y un par de horas en el curro sentado en un fit ball. El resultado ha sido una musculatura más robusta, mejora en la zancada, en la técnica de carrera, estabilización… En definitiva, más fuerte.

Eso lo noté el domingo. Apenas hubo muro, y el cuerpo soportó la dureza de la maratón romana. Ya me habían avisado de los dichosos sampietrini. La verdad es que no sé cómo lo hizo Bikila para correr allí descalzo… Pero los adoquines fueron aún más peligrosos por culpa de la lluvia. Porque no dejó de llover ni un momento, y eso los hizo muy deslizantes. Con lo que en cada pisada tenía que tener cuidado de no resbalar. Pero, como digo, a pesar de estos inconvenientes, noté durante toda la carrera lo que es un cuerpo fuerte soportando impactos.

Quizás mi mayor error, y del que todavía me lamento, fue la tranquilidad con la que me lo tomé para llegar a la salida. Como estaba alojado justo al lado del Coliseo, no tuve ninguna prisa en llegar y apuré el tiempo. Y eso se tradujo en tener que arrancar con corredores de ritmos bastante inferiores al mío y pasarme los primeros kilómetros sorteando y adelantando a gente. Eso me puso nervioso, estuve estresado prácticamente la primera hora de maratón también por el miedo a pisar un charco o a meter el pie en algún agujero del recorrido. Afortunadamente, no pasó nada. Pero el esfuerzo de los adelantamientos lo pagué después, además de dejarme un tiempo precioso en estos parciales iniciales.

El resto de la carrera fue tal y como tenía previsto: rodando con mucha cabeza, sin dejarme ir a pesar de las buenas sensaciones. Se nota que la experiencia es un grado porque, en otro momento, hubiera acelerado en esta primera parte por lo bien que me sentía. Pero una máxima de la maratón es que siempre hay que guardar, por muy bien que estés. Esto fue clave para los últimos 3 kilómetros, en los que las fuerzas decayeron.

También estoy contento de la hidratación y la alimentación. Por primera vez en una maratón no tuve que parar en ningún momento para ir al baño (ni hacérmelo encima, como confieso que he hecho alguna vez). Bebí muy bien, sólo cuando tuve sed, y comí tal y como había programado a los 11, 22 y 33 kilómetros. En definitiva, cosas bien medidas y aprendidas con los años, que van sirviendo para mejorar pequeños detalles.

En cuanto al ambiente, la verdad es que Roma me dejó un poco frío. No sólo la temperatura era así, sino también los ánimos en las calles. La poca gente que había, mayoritariamente, se notaba que eran o turistas que pasaban por allí o acompañantes de corredores. Quizás la lluvia fue un motivo para que los romanos no se echaran a la calle. Además, el recorrido es más bien feo (curioso decir esto en la ciudad más hermosa del mundo). Salvo unos cuantos puntos (salida en el foro imperial, paso por la Plaza de San Pedro en el kilómetro 18, la Piazza Navona, Piazza del Popolo y la meta con el Coliseo al fondo), el resto es por las afueras de Roma. Todo muy desangelado y con poco colorido.

A pesar de estos pequeños inconvenientes, la satisfacción es enorme por cumplir lo que nos habíamos planteado. Lo puedes ver pinchando en este link (despliega en el menú la opción “panorama right, y me verás llegando a meta a los 35 segundos aproximadamente).

Sé que el sub 3h30 lo tengo en las piernas y, sobre todo, en la cabeza. Y que lo lograré cuando me lo plantee. Ahora toca descansar una semana, disfrutar, desconectar, preparar nuevos retos y pensar en la próxima maratón: Tamarindo, en Costa Rica, espera en el mes de Septiembre. Así que a mi Marianella y al resto de amigos de por allí sólo puedo decirles una cosa: PURA VIDA!

Y un último pensamiento para los que me preguntáis en redes sociales si seréis capaces de acabar una maratón: SI PUEDES SOÑARLO, PUEDES HACERLO.

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