¿Cuándo fue la última vez que compraste un periódico?

Un periódico. Sí, un periódico. ¿Cuándo fue la última vez que compraste un periódico? Quizás la última vez que lo agarraras entre tus manos ni lo compraste. Quizás lo viste apilado en la esquina de la barra de un bar. O arrugado dentro de aquella vasija de cerámica que te trajeron tus tíos de Praga. Un periódico. Ese trozo de papel impreso que te cuenta las noticias de ayer. ¿De ayer? ¿Estás loco? Sí, las de ayer. Y cuyas fotos no puedes ampliar por más que vayas separando el dedo pulgar del dedo índice. Para pasar sus páginas no bastará con un simple movimiento horizontal de derecha a izquierda, sino que te mancharás de tinta. Y, en el hipotético e improbable caso de que quisieras uno, tendrías que salir de casa e ir a un kiosco para comprarlo.

Yo lo he hecho esta mañana. No era mi intención, tengo que reconocerlo. Salí a dar una vuelta, me topé con él y sentí el impulso de comprarlo. Pero, más que para informarme, lo hice como si estuviera adquiriendo una pieza de coleccionismo. Sentí curiosidad por agarrarlo con mis manos, pasar las páginas y preguntarle en voz alta: “¿Todavía sigues por aquí, viejo amigo?”

De vuelta a casa lo coloqué entre mi brazo y mi costado, como en los viejos tiempos. Y me di cuenta que hacía mucho tiempo que esto no pasaba. Más que meses, años. En fin, no sabría decirte cuánto. Pero-mucho-tiempo. Y mira que soy periodista… Si éste es mi caso, imagínate el tuyo. Durante el camino he intentado acumular las razones para que nos hayamos olvidado del periódico.

Obviamente, no descubro nada si digo que la principal es la inmediatez. Ya no tenemos que esperar a mañana para saber lo que ocurre hoy. Bueno, cambio el tiempo verbal del presente al presente continuo: lo-que-está-ocurriendo. El acceso actual a la información es instantáneo, al segundo. Internet fue la primera gran revolución. Pero cuando todo esto cambió realmente fue gracias/por culpa de los smartphones. Ya no tenemos que esperar para llegar a casa para abrir el ordenador y bucear en la web. En cualquier lugar, en cualquier momento, tenemos actualizadas todas las noticias.

La segunda razón se desprende de la frase anterior: la facilidad para acceder a la información. Ahora la tenemos en nuestro bolsillo, no tenemos que ir al kiosco. El NEGOCIO de los medios de comunicación (nótese que escribo NEGOCIO con mayúsculas) ha derribado barreras físicas que nos facilitan todo el proceso.

Estas dos razones son las más evidentes por las que no compramos periódicos. Si ahondamos un poco más en la situación (y éste no es un texto de sesudo análisis, sino de impresiones escritas a vuelapluma), creo que hay una gran responsabilidad por parte de los propios periodistas. No lo hemos visto venir. Y, cuando el tsunami estaba encima de nuestras cabezas, hemos responsabilizado a los lectores por alejarse de los periódicos. No, la culpa no es de ellos. Ellos simplemente han elegido la mejor opción. La responsabilidad es nuestra por no haber sabido lo que ellos demandaban. Y por no habernos adaptado al nuevo entorno.

La situación es la que es. Punto. Ahora, nos tocaba a nosotros situarnos. Creo que los periódicos son necesarios. Pero no por los argumentos románticos que siempre hemos dado de que si tocar el papel, de que si el soporte físico, de que si mancharnos las manos con tinta… Los periódicos son muy necesarios por razones mucho más importantes: son (o deberían ser) el punto de equilibrio entre la rapidez, la inmediatez, el colapso informativo que vivimos… Los periódicos deberían aportar serenidad, análisis, reflexión… Ahí es donde tienen su razón de ser, ésa es la gran apuesta. Ofrecerle al lector claves, valoraciones, puntos de vista… y no seguir peleando con las mismas armas con las que está muriendo: la información. Esa información ya está caducada a la mañana siguiente, cuando llega al kiosco.

Pensaba que esto era algo evidente, pero lo he podido comprobar yo mismo cuando pasaba sus páginas y llegaba a Deportes. En la noticia sobre la final aplazada de la Copa Libertadores una frase era el perfecto epitafio de un medio moribundo: “…el comienzo de la final de la Copa Libertadores, que finalmente comenzaría dos horas después de lo normal”. ¿En serio? La hora de cierre del periódico, las prisas por imprimir temprano para poder repartir los periódicos… en definitiva, este proceso caduco está siendo la sepultura definitiva del periódico. A las 11 de la mañana, cuando estaba leyendo esto, no sólo sabíamos que el partido se había aplazado, sino que circulaban cientos de imágenes sobre los altercados y había un intenso debate sobre si la final se debía jugar o no. Mientras tanto, nuestro querido y ancianito periódico decía “la final (en condicional, para no pillarse los dedos) comenzaría dos horas después de lo normal”.

Justo en ese momento, he cerrado el periódico y me he metido en Twitter para saber lo que estaba ocurriendo. Y me he dado cuenta de que la pregunta no es cuándo fue la última vez que compré un periódico. La pregunta es cuándo será la próxima…

PD: Tengo muchos y buenos amigos trabajando en periódicos. Esto no va sobre su trabajo. Esto va sobre quien decide sobre el presente y el futuro de su trabajo.

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